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Día mundial del Sida: una enfermedad que se combate a diario

Los tratamientos para tratar el VIH impactaron significativamente en términos de disminuir la mortalidad y las complicaciones, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas. Sin embargo, las nuevas infecciones aún están presentes y la cifra no disminuyó. Según los últimos datos brindados por ONUSIDA, hay 36,7 millones de personas en el mundo que viven con VIH, de las cuales más de la mitad son mujeres.

En la Argentina, de acuerdo al Boletín de Sida y ETS del Ministerio de Salud de La Nación (diciembre 2016), hay 120 mil personas que viven con VIH, de los cuales el 30% desconoce su diagnóstico. La principal vía de transmisión en hombres y mujeres es sexual. Gracias a la expansión de los tratamientos antirretrovirales, hoy las personas que viven con HIV pueden tener una excelente calidad de vida. Argentina es pionera en la región en establecer el tratamiento para todas las personas, una vez confirmado el diagnóstico.

VIH en adolescentes

Cuando se compara la proporción de diagnósticos en dos perídos (2004-2005 y 2013-2014) en Argentina, se observa un aumento de diagnósticos en la franja etaria de 15 a 24 años, tanto en hombres como en mujeres.

Un estudio sobre los “Significados asociados al VIH y Sida”, realizado por el equipo de la Dirección de Sida y ETS del Ministerio de Salud de la Nación, evaluó los saberes, significados y prácticas de una población sexualmente activa, de 18 a 55 años, a través de cuestionarios cualitativos. Entre las distintas áreas consideradas, la preocupación central fue el “cuidarse del embarazo”, luego de las enfermedades de transmisión sexual y del HIV. En relación al “cómo se cuidan”, los anticonceptivos, el preservativo, el interrogatorio y la confianza, fueron los cuatro elementos apreciados.

Entre los adolescentes, el uso del preservativo se percibía como algo ocasional, como considerar a la relación informal o no estable. Decían que había información suficiente relacionada con el uso del profiláctico, pero su uso implicaba “cortar la onda” en el momento de la relación sexual. También surgía la “vergüenza” de comprar preservativos o pedirlos en los hospitales, más en mujeres que en hombres. Se sentían mirados de otra manera, en un sistema de salud que tiene una mirada diferente, en general, de los jóvenes y adultos.

Una sexualidad muy activa y de más temprano inicio, la ingesta de alcohol y drogas que inhiben el control a la hora de usar el preservativo, la idea de que “a mí no me va a pasar”, y una generación que no vivió la etapa oscura del HIV en los inicios de la epidemia, donde la gente moría y los medicamentos disponibles eran escasos, son factores que influyen a la hora de considerar la real dimensión del problema y su prevención.

La información a través de material impreso, talleres con pares, involucrar a los actores en las actividades de prevención, son algunas de las estrategias posibles. Hablar del tema en forma continua en distintos ámbitos, como la familia, con amigos y en la escuela, es una forma de poner el tema como una prioridad en la agenda para seguir trabajando en el tema de prevención, ya que la epidemia aún no está controlada.

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